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HOTEL AM KONZERTHAUS VIENNA MGALLERY BY SOFITEL (****)
Am Heumarkt 35 – 37
1030 Viena (Austria)


Hab: 518
Llegada: ‎26/12/2016
Tarifa: 103 AD

Situado entre la Karlkische y el Konzerthouse, a dos manzanas del RingStrasse, junto al Belvedere y al StadtPark y al lado de varias estaciones de metro y tranvías. Un edificio de 8 plantas, que ocupa la mitad de una manzana cuya otra mitad ocupa un moderno edificio de oficinas en unas tranquilas calles.

La entrada principal se encuentra ‎en un chaflán, muy iluminada y rematada por un elegante toldo negro. Dos maceteros a cada lado de dos tramos de puertas correderas de cristal. Nos situamos en la recepción. No muy grande, en forma casi triangular con vértice en el chaflán. De frente los tres ascensores con metálicas puertas en negro con detalles dorados. A la derecha e introduciéndose hasta el final del edificio, el bar y restaurante, bastante bullicioso en el momento en que llegamos. En el centro de ese triángulo, una figura dorada con algunos regalos a sus pies envueltos en papel de colores brillantes. Por algo es Navidad. A la izquierda, un robusto mostrador de recepción en madera oscura con algunos toques dorados y rematado en mármol claro. Todo en general resulta bastante Art Deco, envuelto en una atmósfera algo oscura e intimista con luces puntuales. 

Tras ‎el mostrador, con dos puestos de trabajo nos saluda en perfecto castellano una amable argentina que nos pide la documentación para revisarla. El trámite es rápido pero mientras lo ejecuta no deja de preguntarnos por nuestro viaje, de explicarnos los horarios del hotel, el funcionamiento del wifi, que es gratuito pero que funciona bastante mal (demasiados cortes, zonas de sombra y caídas de la red), la ubicación del hotel en la ciudad, así como algunas recomendaciones gastronómicas…

Las puertas del ascensor se abren -y se cierran- bruscamente. Dentro, paredes de espejo ahumado, acero y un techo retroiluminado con unos dibujos en azul. No es nuevo, pero está bien conservado. Botonadura de acero con luces azuladas. Es necesario, por seguridad, insertar la tarjeta en una ranura para que el elevador funcione. De nuevo las puertas se abren bruscamente en nuestra planta y salimos a un distribuidor triangular en el que hay cuatro habitaciones (entre ellas, la nuestra) y al que a cada lado se abre un pasillo con el resto de dormitorios.

Suelo de moqueta azul. Paredes en color crudo con un fino estucado con remates dorados junto al techo. Puertas negras con números y señalética dorada. La pesada puerta remata en un marco cuadrado, que también tiene “suelo”, lo que añade un extra de insonorización y privacidad a la estancia. 
Tras la puerta, el suelo continúa en moqueta azul grisácea con algunas ondas más claras y algunos detalles dorados. No es nueva pero está limpia y bastante bien cuidada. La habitación tiene una forma extraña. Tras la puerta hay un pasillo amplio, con paredes estucadas en blanco. Junto a la puerta el interruptor general de la luz, a la izquierda, unos pasos antes de la puerta del baño, en marrón oscuro. La sensación general es cálida, algo antigua, pero no vieja, aún así, hay un zumbido, en el techo, cerca de la puerta, permanente provocado por el retorno de aire. 

Pasado el baño, a la derecha nos encontramos con el armario, casi junto al dormitorio. Dos puertas de espejo correderas. Dentro un colgador alto con una docena de perchas de distintos tipos (chaqueta, camisas, faldas, tirantes, pantalones…), un paraguas, una tabla de planchar y una plancha. Sobre el colgador una balda con la caja fuerte, un calzador, un cepillo de ropa, un set de costura y una gamuza limpiazapatos. 



Allí mismo empieza el dormitorio. Generoso de tamaño. Casi rectangular. Junto al armario, un gran maletero situado sobre un armario cajonero en madera marrón rojiza con detalles dorados. Sobre él, una lámina de Art Deco. A su lado, y ocupando parte de la pared del fondo, un sofá alargado en tonos azules. Algo incómodo y algo sucio. A los pies del mismo una mesa redonda con una silla y una lámpara de pie de lectura. Sobre la mesa, unos bombones de bienvenida con una nota de la directora del hotel y una revista sobre la ciudad. Esa pared del fondo aparece protegida por una larga cortina. Visillos blancos por detrás de un foscurit en tono crudo. Tres enormes ventanas detrás, con vistas a la puerta principal. Una de ellas completamente practicable. Las otras dos no. Una no cierra bien, y eso hace que parte del ruido de la calle se cuele en la habitación, aunque gracias a Dios las calles que circundan el hotel son tranquilas. El foscurit se queda corto en los extremos, por lo que la luz exterior del día (o la iluminación artificial de la fachada) se cuelan en el dormitorio. 

A la izquierda de la entrada del dormitorio en una pared cubierta con un elegante papel en oro viejo encontramos el escritorio. Tan enorme como abigarrado y lleno de cosas. En un extremo, la televisión de plasma. Bajo ella, en un armario de madera rojiza a juego con el maletero y con las mesillas, el minibar, de justo surtido sin bebidas alcohólicas. A continuación en la zona de escritorio propiamente dicho hay una bandeja con una Nespresso, una tetera y varias opciones de té, café y azúcar. Una botella de agua con gas. Un display con una revista de la cadena, unos sobres, una carpeta con información del hotel… En el poco espacio que queda disponible hay una bonita lámpara de escritorio de cristal verde muy en la línea artística del hotel. Dos enchufes disponibles para los aparatos electrónicos. Una silla no demasiado cómoda para el trabajo en madera y tapizado en azul y dorado.

La cama es grande. Mullida, muy mullida gracias al confortable topper que se coloca sobre el colchón. Cómoda. Blanca. Presentada abierta de forma muy curiosa “jugando” con el suave nórdico que la recubre. Cuatro almohadas. ‎A cada lado sendas mesillas en madera. Tras ellas, un par de enchufes disponibles. Sobre ellas unas lámparas de noche de cristal, también de estilo Art Deco. Sobre una de las mesillas, el teléfono, un lapicero y un bloc de notas. Sobre la otra una bandeja con dos tazas, dos infusiones, dos antifaces y dos juegos de tapones para los oídos. Sobre la cama hay un enorme mural de uno de los cuadros más representativos de Gustav Klimt. En el marco que lo bordea hay sendas lámparas de lectura dirigibles, los interruptores para apagar unas cuantas luces (no todas) de la habitación y se remata en la parte de arriba con tres potentes focos.

Aunque la luz de la puerta resulta algo fría, la del resto del dormitorio consigue formar una atmósfera cálid‎a y acogedora. 

El baño resulta algo pequeño. Antiguo pero no viejo. De forma trapezoidal. Paredes y suelo de baldosas cuadradas de porcelana blancas aunque entre medio se alterna alguna azul y dorada. La fila junto al techo hace un dibujo geométrico todo alrededor. 


Un punto de luz en el techo y dos tubos fluorescentes a cada lado del enorme espejo del lavabo, incrustado en una encimera de granito marrón y grifo monomando. Sobre una bandeja el set de amenities, de C Bigelow (champú, gel, acondicionador y leche hidratante, jabón) una manopla de crin, una lima‎ y un set con desmaquilladores y bastoncillos para las orejas. Anclado a la pared un porta kleneex de acero, un espejo de aumento y un secador de escasa potencia. 

A la izquierda del lavabo el inodoro, algo antiguo, pegado al radiador que funciona a toda potencia, cosa que se agradece en el crudo invierno austriaco. A la derecha del lavabo, la bañera, algo elevada, con una ducha remetida entre la pared del lavabo. Quizá algo corta lo que hace que salpiquemos agua al suelo. Temperatura formidable, pero caudal y potencia un pelín justa. 

Dos cuadrantes de manos, dos toallas de lavabo, dos de ducha y dos albornoces, todo ello nuevo, limpio, mullido y blanco configuran el set de lencería.

Por la mañana, en un bullicioso salón se sirve el desayuno buffet. Zumos, fruta cortada, embutidos, fiambres y quesos, platos calientes (huevos, bacon, salchichas, patatas, verduras…), un buen surtido de cereales, panes variados y recién hechos, crujientes croissants, mermeladas caseras, algunos bizcochos… El café -líquido y flojo- se sirve en la mesa en unos termos.

En el mostrador, la salida, demasiado temprana, es demasiado rápida. Pero sin más. Pagar y adiós. 

Calidad/precio: 8
Servicio: 8
Ambiente: 7
Habitación: 7.5
Baño: 6.5
Estado de conservación: 7.5
Desayuno: 7.5
Valoración General: 8