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PUEBLO ACANTILADO SUITES (****)

Plaza de la Ciutat de l’Alguer 10 
03560 El Campello (Alicante)

Habitación: Suite Real 3

Fecha de entrada: 10/02/2017
Tarifa: 

Colgando de un acantilado sobre el mar y como si fuera un pequeño pueblo mediterráneo, con sus plazas, su teatro, su ayuntamiento… encontramos este curioso hotel construido, sin duda alguna, para el relax veraniego, que en estas latitudes es casi todo el año menos diciembre, enero y febrero, precisamente cuando lo visitamos nosotros. La página web del hotel nos sorprende con un vídeo a cámara rápida en el que nos indica visualmente el camino a tomar desde distintos puntos cercanos (aeropuertos, estaciones…) hasta el complejo hotelero, situado al final de una carretera que atraviesa una abigarrada urbanización.

En la rotonda en la que termina la carretera además de las pistas deportivas (pádel, tenis), del spa, y del caminito que da acceso al mar (no playa), encontramos una gran reja que hace las veces de puerta de entrada al alojamiento, aunque junto a ella, replicando una pequeña iglesia de las que abundan por estos pueblos encontramos la recepción, un bar, el acceso al Spa y una pequeña tienda de comestibles. La recepción es una estancia estrecha y larga. Paredes y mobiliario blanco y suelo negro de porcelana. Llena de cosas. Hay vitrinas que venden desde pulseras y relojes a excursiones en barco, aceite, camisetas y mochilas… Al fondo a la derecha está el mostrador. De metacrilato blanco con un puesto de trabajo. 

Tras él nos atiende una simpática joven. Ella es simpatía y amabilidad. Otra persona que hay detrás del mostrador tras unas mamparas -quizá su jefe- es algo menos. Y entorpece nuestro proceso de registro y llegada. Por fin, nos entrega un sobre con la llave, la clave del wifi (que es gratuito y funciona bastante bien en todo el complejo) y un plano de las principales instalaciones. Llama por teléfono y otro joven se acerca hasta la puerta con un cochecito de esos de golf para acercarnos hasta nuestra habitación. 

Tras la reja, hay una empinada subida hacia las habitaciones que quedan dispersas a lo largo del acantilado y a lo alto de la colina. Hay una calle central, decorada con olivos y parterres, por la que sube el cochecito, y a cada lado se abren casitas de colores con las habitaciones. La sensación resulta simpática, amable y plácida. Nosotros estamos ubicados en la primera casita, en un gran torreón. El coche para junto a una doble puerta que está abierta. La atravesamos y vemos una estancia con dos pisos. En el de abajo está la Suite Real número 1, junto a cuya puerta hay un par de sofás negros. A la izquierda sube una escalera en semicírculo, en mármol rojo y con baranda de forja negra hasta casi tocar el techo, con vigas a la vista. Allí está la puerta marrón oscura, con moderna manivela en acero, de la Suite Real número 3. La nuestra. 

Nada más abrir la puerta caemos en un pasillo que se abre hacia la derecha. De frente, allí mismo, encontramos la puerta del dormitorio. Junto a ella una ranura iluminada para introducir la tarjeta y activar la luz. Suelo de madera clara, bastante limpio y agradable. Paredes blancas. Sensación un punto fría. No sólo por la temperatura. Si seguimos el pasillo hacia la derecha encontramos una repisa bajo una ventana que da a la escalera. Junto a ella, el mando inalámbrico del aire acondicionado, que en el salón funciona a la perfección aunque con un poco de ruido. Un paso más, un escalón y aparecemos en el enorme salón/cocina/comedor. Una gigantesca estancia llena de luz. Techo altísimo, con vigas a la vista y a dos aguas. 

A la izquierda de la entrada hay una larga encimera con un fregadero, una cocina vitrocerámica con campana extractora, un horno y varios armarios blancos en la parte de abajo. Sobre el fregadero dos . armarios con vajilla de cristal opaco. La pared del fondo de la izquierda es toda un enorme ventanal que cae sobre el mar. Cubierto por un visillo azulado y un foscurit grueso. En el suelo continúa la madera rojiza limpia y reluciente. Junto a la enorme ventana, una mesa de comedor de cristal con cuatro sillas de piel color crudo. 

En la pared del fondo, bajo un enorme cuadro con dos lirios de colores encontramos un confortable sofá (doble) cama con un par de mesas de centro, de cristal, y un armario bajo que queda en el centro de la estancia y que acoge la enorme televisión. Esta, igual que la del dormitorio, se maneja desde un complejo mando a distancia que tiene un teclado qwerty. No conseguimos subirle el volumen. Junto al sofá, y frente a la ventana que da al mar, hay otra pequeña ventana con vistas a la “calle principal” del complejo. Las luces, situadas en el techo quizá den una luz demasiado fría, aunque con tantas horas de sol al año, que llena la estancia por la ventana ¿quién va a querer encenderlas?. La calma y la tranquilidad combinan con una cierta falta de calidez en el ambiente. 

El dormitorio es pequeño de tamaño. Pero suficiente. Se mantiene el suelo de madera limpia y agradable y las paredes pintadas en blanco. Sobre la puerta de entrada hay un equipo de aire acondicionado que no conseguimos poner en marcha. A la derecha un armario lacado en madera blanca brillante. Dos puertas correderas, una de ellas de espejo. Dentro perchas normales, un par de baldas y la caja fuerte. La pared situada frente a la entrada es una nueva cristalera con increíbles vistas al mar. Ventana de madera oscura y antigua cubierta por un foscurit y un visillo color crudo que no pueden con la luz exterior y por la mañana se cuela en la estancia. La marquetería de la ventana es algo antigua, así como sus manivelas. Le da un punto de contraste a la estancia, y permite además que se cuele el rumor de las olas que rompen ahí abajo en el acantilado. Bajo la ventana, un maletero de madera con bandas metálicas. 

La cama es grande para ser individual y algo justa para ser doble. Aparece vestida con unas sábanas limpias pero que empiezan a pedir su sustitución. Sobre la sábana una colcha de color crudo y un cojín a juego. El colchón es cómodo pero sin más. Igual que las dos almohadas. El cabecero es una pieza de madera, también brillante en albero y blanco. Sobre él, hay un cuadro con motivos azules. A cada lado de la cama hay sendas mesillas, algo destartaladas, y lacadas en blanco roto brillante algo hortera. Sobre ellas hay unas lámparas de acero con tulipa en crudo. Enchufe en un lado a cambio de desconectar el aparato que carga el mando a distancia de la televisión. Interruptores que permiten apagar todas las luces de la estancia desde la cama. Sobre los interruptores hay dos apliques en la pared: modernos y de metacrilato. El juego de luces es agradable, y se puede crear una atmósfera confortable. Lástima que al no funcionar el aire acondicionado, pasemos algo de frío.

La televisión de plasma cuelga de la pared ubicada a los pies de la cama, y un poco más allá, junto a la ventana, la puerta del baño, también de madera oscura y moderna. Por alguna extraña razón, siempre se cierra sola. 

El baño es moderno. Mucho. Quizá renovado, quizá ampliado recientemente a la habitación. Destaca sin duda el tener dos ventanas con espectaculares vistas al mar y a la línea de la costa pudiendo ver Villajoyosa, Benidorm… Suelo de porcelana marrón y paredes alicatadas hasta media altura en tonos crudos. Desde las baldosas hasta el techo, pintura blanca. Todo lo que tiene de moderno lo tiene de frío. No hay ningún artilugio para calentar el espacio, y en febrero, hace frío. El espacio es grande y luminoso. En la pared de la derecha encontramos el bidet y el inodoro, ambos de porcelana blanca y moderno diseño. Junto al inodoro una papelera metálica. 

En la pared de la izquierda una encimera de madera larga alberga el lavabo.Sobre él un gran espejo y a su lado otro más pequeño de aumento para el afeitado. El lavabo es pequeño, de capacidad con moderna grifería. No conseguimos que saliera agua caliente. La presión y el caudal son correctos sin más. Pero el sumidero no traga bien. Enseguida se llena la pila. De la encimera de madera cuelgan de una barra dos toallas de manos. Y sobre ella se presenta el completo pack de amenities: dos botes de champú, dos de jabón, un set dental, otro de afeitado, gorro de ducha, bastoncillos, pañuelos de papel…

En la pared del fondo se ubica la bañera con ducha. Una mampara de cristal evita que salpiquemos agua. La grifería termostática funciona perfectamente y la alcachofa de la ducha escupe agua con una presión, caudal y temperatura envidiables. Nos duchamos con agua caliente -hace frío- y llenamos la estancia de vapor que acaba humedeciendo todas las paredes. Dos toallas de baño grandes, limpias y nuevas completan el set de lencería. 

Por la mañana, en la salida nos atiende en la misma puerta de la habitación otra joven encargada del hotel (quizá de los eventos). Nos pregunta por el descanso y por si necesitamos ayuda con el equipaje para llegar hasta el coche. Simpatía y atención. Y nos vamos.

Calidad/precio: 

Servicio: 7.5
Ambiente: 7
Habitación: 7.5

Baño: 7.5
Estado de conservación: 7.5

Desayuno: 
Valoración General: 7.5